LA MATANZA DE CHOLULA, UNA HERIDA HISTÓRICA QUE SIGUE ABIERTA

Fecha: 2026-10-18T16:00

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MÍA Rojas

San Pedro Cholula | A quinientos siete años de la matanza ordenada por Hernán Cortés en esta Ciudad Sagrada, el recuerdo no se limita a las ceremonias oficiales.

En las familias cholultecas, este trágico hecho permanece en el recuerdo silencioso que se expresa en la persistencia de las tradiciones, en el apego al territorio y en una identidad que ha sobrevivido a siglos de evolución.

El 18 de octubre de 1519, las fuerzas comandadas por Cortés —alrededor de cuatrocientos españoles, apoyados por aliados totonacas y varios miles de tlaxcaltecas— atacaron a la población de Cholula.

Según la Segunda Carta de Relación del propio Cortés, reunió a los principales de la ciudad con el pretexto de despedirse, los hizo atar y ordenó disparar una escopeta como señal para iniciar el asalto. En pocas horas, escribió, murieron más de tres mil hombres.

Francisco López de Gómara, cronista de Cortés, elevó la cifra a seis mil. Los relatos indígenas recopilados por fray Bernardino de Sahagún en la Historia General de las Cosas de la Nueva España describen a los cholultecas desarmados, convocados al atrio del templo, donde “nada en su corazón temían” antes de ser atacados por sorpresa.

Las estimaciones contemporáneas de historiadores sitúan las víctimas entre dos mil y seis mil personas, en una ciudad que entonces contaba con decenas de miles de habitantes y que era uno de los principales centros religiosos y comerciales de Mesoamérica.

Cortés justificó la acción como un golpe preventivo ante una supuesta emboscada orquestada con apoyo de Moctezuma.

Las crónicas españolas mencionan trampas en las calles, sacrificios rituales y el retiro de mujeres y niños de la ciudad. Las versiones nahuas, en cambio, subrayan la ausencia de armas entre los convocados y el carácter traicionero del ataque.

Historiadores reconocidos han señalado que las fuentes son parciales contrarios a testimonios cholultecas directos y que el peso de la violencia recayó también en los aliados tlaxcaltecas, enemigos históricos de Cholula. Independientemente de la existencia o magnitud del complot, el resultado fue la destrucción de parte de la ciudad, el saqueo, la quema de templos y un mensaje de terror que se propagó hacia el Valle de México.

Para los actuales habitantes de San Pedro y San Andrés Cholula, aquel episodio no está escrito únicamente en los libros de historia. Las autoridades municipales, encabezadas por la presidenta municipal Tonantzin Fernández, conmemoraron los 507 años con una ceremonia cívica que incluyó un minuto de silencio y con una celebración de carácter prehispánico acompañada de danzas. En sus mensajes, la alcaldesa subrayó que Cholula era, antes de la llegada de los españoles, un referente religioso, comercial y espiritual, y que la memoria de las víctimas fortalece la identidad local.

Sin embargo, más allá de los actos oficiales, cronistas locales, grupos culturales y familias transmiten el relato de manera menos formal: como parte de la conciencia de que la ciudad sagrada resistió y que sus descendientes siguen habitando el mismo territorio.

La gran pirámide de Cholula, sobre la cual se construyó el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios, permanece como el monumento más visible de esa continuidad. Los barrios, las fiestas patronales, las danzas y el apego a la tierra expresan, de manera cotidiana, que la tragedia de 1519 no logró borrar la presencia cholulteca.

En el inconsciente familiar, según observan quienes estudian la memoria oral de la región, el episodio se manifiesta como una mezcla de dolor por la violencia sufrida y de orgullo por la supervivencia cultural. No se trata de un lamento permanente, sino de una referencia que refuerza el sentido de pertenencia: Cholula sigue siendo un lugar de encuentro entre lo ancestral y lo presente.

Los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia y de la Universidad Nacional Autónoma de México han documentado que la matanza formó parte de una estrategia de intimidación que facilitó el avance de Cortés hacia Tenochtitlan. Al mismo tiempo, destacan que la ciudad no desapareció; se reorganizó, se cristianizó y mantuvo estructuras de poder local. Esa capacidad de adaptación es lo que hoy reconocen muchos cholultecas cuando hablan de su historia: un pasado de violencia que no impidió la continuidad de una identidad ligada al paisaje, a las costumbres y a la memoria colectiva.

A 507 años de distancia, la matanza del 18 de octubre de 1519 representa para quienes viven en Cholula tanto una herida histórica documentada en las crónicas de Cortés, Sahagún, Díaz del Castillo y Gómara, como un recordatorio de la resistencia cultural que ha permitido que la Ciudad Milenaria siga siendo, en la vida diaria de sus habitantes, un centro de tradición y de identidad.

Las ceremonias oficiales marcan la fecha; pero, la memoria familiar la mantiene viva de formas más silenciosas y persistentes.